jueves, 2 de septiembre de 2010

Memorias de una profesora "subversiva" (Las amenazas de muerte)


Nº 6
Amenazados de muerte y con custodia policial .
(Trabajaba en ese entonces en la Escuela de Educación Media Nº 2 de Burzaco cuya Directora al tomar conocimiento de lo que me acontecía y acontecía a mis hijos comenzó a hostigarme con denuncias y pedidos de Juntas Médicas Psiquiátricas )
………………………………………………………………………………..

(¡La puta madre¡...con voz aguda mi vecina)
Con estas palabras, la mujer de don Mario se detuvo ante el portón de la casa..
Paseaba a su perrito y yo (apoyado mi cuerpo contra la puerta del patrullero ), yo conversaba con el custodio de la bonaerense que nos había asignado la Fiscalía (para protegernos)
Eso decían…..
Le había acercado el termo con agua para el mate y la tarde nos reunía en esa convivencia impuesta por las circuntancias de las amenzas que ,hechas agresiones con arma blanca se habían descolgado sin permiso en nuestras vidas
Tarde de primavera
El plátano sobre la vereda desparramando sombra.
La madreselva trepando aferrada al tronco añoso .
Y la enredadera celeste asomándose por sobre la Santa Rita.
Y mi vecino don Mario y su perrito y su mujer caminando la verada de mi casa..
Es italiana mi vecina, la mujer de Don Mario.
Es italiana y en ese cocoliche que mis años de convivencia han aprendido a descifrar ...mi vecina preguntaba.
Se había detenido.
Había apoyado su bastòn sobre la reja del portón y miraba al patrullero.
Las arrugas de la curiosidad la delataban.
Quería preguntar, necesitaba preguntar .
¿Per qué? Señalando al patrullero la pregunta reclamaba mi respuesta.
Se había detenido también Don Mario.
Se había sentado con las orejas paradas el perrito.
Atento parecía seguir desde la rectitud de sus orejas en punta las preguntas de sus dueños.
Y mi respuesta a la pregunta:
Porque estamos amenazados.
No preguntaba el por que de la amenaza...mi vecina miraba la casa.
¡La pucha¡,que mala suerte tiene la casa....
¡Que mala suerte¡.Ahora la policía y hace mucho tiempo el ejército llevándose de la casa a una chica.
(Muchos gestos, muchas palabras, muchos recuerdos que salían disparados de boca de mi vecina)
Parece mentira(insistía e insistía)...que mala suerte tiene la casa.
Era una chica joven y tenía una nenita
Yo vi cuando la sacaban de esta casa.
Y el custodio como testigo del relato de una testigo de aquél tiempo...el tiempo de mi secuestro.
Y yo ahí ,en el centro de toda esa realidad presenciada por mis vecinos.
Y que eran los militares los que apuntaban a la casa.
Y que la sacaron con las manos atadas atrás...en la espalda .
Yo vi como se la llevaban .
Yo vi todo .
Pobre chica.
(Por primera vez mi vecina se condolió por la chica.)
Uno le dió un empujòn ... la metieron en un Falcon.
Yo vi todo, yo vi todo...la emoción devolvía en grito el gritar de mi vecina.
La mirada del custodio .
La mirada de mi hija.
Las miradas convergiendo en lo real de ese hecho.
Han pasado treinta años y hay TESTIGOS DE LOS HECHOS .
Recuerdan que en este lugar.... donde hoy hay patrulleros.
Recuerdan que en este lugar... donde llegó la amenaza.
Recuerdan que en este lugar... donde bajó la agresión.
Recuerdan que en este lugar se llevaron a una chica.
Que hubo un operativo, que la sacaron atada, que a empujones la metieron en el Falcon que esperaba.
Y la chica del recuerdo hecha mujer en otoño ....escuchaba a su vecina
Nuevamente la pregunta.¿Per qué están amenazados?
Porque ahora vienen por los hijos de la chica(la respuesta de mi hija).
¿Entonces?...¿La chica sos vos?¿ Sos vos?....¿Vos sos la chica?(No caía mi vecina).
Pobrecita... .Pasaba sus manos ajadas por mi cuerpo mi vecina.
Por mi rostro y por mi pelo las manos de mi vecina.
¡La puta madre¡...con voz aguda mi vecina.
¡Que desgraciados¡...con voz muy ronca mi vecino.
Y me abrazó mi vecina y me abrazó mi vecino.
(Mas que abrazos... parecían condolencias)
¡La pucha¡... Que mala suerte tiene esta casa.
Y siguió muy campante mi vecina.
La seguían su marido y el perrito.


(Y así Marcelo Abdenur oficial de la Bonaerense ...tomó conocimiento de cómo había sido el secuestro.
De boca de mis vecinos

Memorias de una profesora "subversiva"


Nº 5


LEYENDO EN LA MADRUGADA
(De carneras y carneros)

Leía un mail llegado a mi correo.
Lo leía disfrutando un poco la indirecta manera con que la autora de la nota(una maestra jardinera)llamaba carneros a los que siendo educadores no ejercían el derecho a la protesta.
Legal derecho, legal instrumento, legal procedimiento que habilita a los oprimidos a protestar contra la opresión.
Pero los oprimidos o no se dan cuenta que son oprimidos o les encanta ser oprimidos o se conforman con la opresión porque así al menos satisfacen las apetencias del opresor para que este los considere y los felicite y los califique con diez al finalizar la tarea que realizan por unos magros pesos.
Y por unos magros pesos complacen al opresor y trabajan a destajo, sin respiro los 180 días del año.
Y por unos magros pesos señalan al que se levanta y al que hace frente al opresor.
Y por unos magros pesos son los que nunca faltan, los que siempre cumplen, los que nunca protestan los que hacen todo bien, los que agachan la cabeza, los que miran hacia otro lado, los que aplauden, los que silencian, los que tapan, los que encubren, los que van a trabajar...todos los días.
Y los que cobran el aumento que los docentes huelguistas logran con su lucha y con su medida de fuerza.
Así son los carneros, son inmorales.
No se pliegan a la lucha, no luchan, es más critican la lucha.
Siempre tienen justificativos a su falta de solidaridad y compromiso con la escuela .
Por los chicos, por los padres, por el que dirán, por el futuro, por el presente
Los rompehuelgas, los carneros, los traidores, los genuflexos, los serviles, los entregadores, los delatores, los moralistas, los santos, los píos, los...
Los hay en todas las escuelas.
Han existido siempre y siempre existirán porque siempre han existido y existirán los carneros.
Y la docencia no es la excepción, es más creo que es el ámbito apropiado para que existan, perduren y se reproduzcan...los carneros.
Los hay de todas las categorías: Suplentes, interinos titulares.
Los hay de todas las jerarquías: Directores, Inspectores Asesores.
Son parásitos: Se alimentan de la lucha de los otros.
Y si, indirectamente la maestra jardinera describía a los carneros.
Han existido siempre y siempre existirán
Para trepar, para ascender, para llegar, para perdurar...
Mientras mueren, caen, desaparecen aquéllos otros que por no ser carneros hacen de los instrumentos legales el arma con que van a enfrentarse al opresor.
............................................................................................................................................
Recuerdo a una carnera, una profesora que ya era algo así como la abanderada de las carneras.
Trabajaba la carnera en la Escuela Nº 6 de Adrogué, la escuela céntrica cuya Directora otra carnera de ley intentaba por todos los medios posibles e imposibles evitar que los trabajadores docentes se plegaran a las huelgas.
Recuerdo que en una huelga la carnera se fue a trabajar como siempre lo hacía.
De carnera no más, porque ya al parecer había venido con esta desgracia encima cuando apareció por el mundo.
Ella y el curso.
Ella y sus alumnos, los pocos que iban porque los alumnos cuando hay huelgas también hacen huelga.
Los alumnos no son carneros.
Y los alumnos detestan a los carneros y a las carneras.
Los dibujan, les toman el pelo, se burlan.
Ese día de huelga la carnera había ido como siempre iba a cumplir con los días de clases reglamentados por el opresor.
Y ese día...cuando la carnera había comenzado a dar su clase , el Himno a Sarmiento se le instaló en el aula
Y entonces la carnera se iba del aula intentando descubrir el lugar del que provenía la música que perturbaba su trabajo
Y cuando lo hacía ,los alumnos se le disparaban al patio.
Y así en todos los módulos que duró su esfuerzo por romper la huelga de sus compañeros en huelga.
Es decir, se le complicó el trabajo.
Es decir no pudo trabajar.
Es decir, como correspondía en un día de huelga, o de paro o de protesta.
Alguien, (nunca se supo)alguien indirectamente la llamó CARNERA

lunes, 30 de agosto de 2010

Llegando la primavera(Memorias de una profesora "subversiva")

Nº 4
Las cuatro estaciones....( llegando la primavera)
(A Claudio le gustaba la música de Bach.

El allegro Assai del Concierto para violín Nº 2 en Mi mayor era su preferido).................................................................................................................................

Esta inmensa tristeza de extrañarlos desde entonces

Era saber que ese día no podíamos dejar de llevar una bolsa para poner allí los regalitos que seguro recibiríamos de los chicos .

Porque siempre septiembre se venía cargado de paquetitos con moños y ramos de flores y macetitas llenas de flores de la estación .

Y las tarjetitas y los besos y el agacharnos para abrazarlos y demostrarles cuanto los queríamos particularmente ese día de septiembre que era nuestro día y en el que nos hacían sentir las “señoritas maestras” de la escuela de la villa.

Y el guardapolvo blanco almidonado y el cura riéndose de las maestras que ese día estaban vestidas de fiesta y de alegría porque así eran en mis épocas de juventud los días aquéllos que han quedado prendidos al guardapolvo blanco que con el paso de los años se quedó durmiendo en mis recuerdos.
Sin duda los mejores y más hermosos días de mi vida de maestra.

El viaje en tren hasta Rafael Calzada y el juntarnos las tres en la parada y el bajar las tres y caminar las tres hasta la escuela .

Al llegar a los pastizales , ahí nos bajábamos y ahí escondidos tras los verdes pastos nos esperaban los alumnos que luego caminaban con nosotras hasta la escuela.

Desde el camino se veía el mástil y la bandera que parecía enroscarse en una ronda con el viento daba la impresión de saludarnos.
Nené siempre se daba cuenta si el cura ya estaba en la escuela porque la bandera estaba hasta el tope.
Era un obsesivo el cura y siempre quería ver en lo alto a la bandera porque si no decía que la escuela parecía que estaba de luto.

Y nadie se ha muerto che, decía el cura mientras se anudaba la sotana para que no le molestara si se subía por el mástil, como un mono.

Che Claudio, parecés un mono le decía Nené y Claudio se reía.

Y los chicos aplaudían la proeza del cura mientras la Directora daba órdenes a Carlitos el portero para que el mate cocido estuviera calentito....

Porque hacía frío y porque corría viento y porque en las aulas las ventanas no tenían vidrios y porque las latas de dulce de batata no alcanzaban para calentarnos en esos inviernos que aprendimos a vivir entre el calor que se encendía al contacto de los cuerpos y los carboncitos que se ponían rojos en la lata de dulce de batata.

Bien juntitos decía Nené, bien juntitos así no sentimos frío.

Y daba resultado

11 de septiembre....¿cuántos desde aquéllos días?

Uno tras otro se fueron sucediendo

Sin Nené y sin Elena y sin Claudio y sin....

Que un día no llegaron a la escuela.

Y fueron esa ausencia que se extraña y que se busca y que se espera
En cada despertar de esas mañanas en que juntas tomábamos el tren hacia la escuela.

En cada atardecer de cada tarde al caminar el regreso de la escuela..

En cada pregunta preguntando por la ausencia de todas ellas
En cada respuesta sin responder ..

No había una respuesta a la pregunta de la ausencia

Sin duda alguna los mejores años de mi vida de maestra .

Pone más carbón a la latita decía Nené ...y al poner el carbón en la latita se encendía el calor de estar haciendo escuela en la pobreza de la escuela pobre que se quedó para siempre prendida en mis recuerdos.

Y en mi esperanza de volver algún día a encontrarnos para volver a caminar como entonces el camino hacia la escuela.

Donde estoy segura estará Claudio anudando su sotana para subirse como un mono por el mástil.

Mientras los chicos aplauden

Mientras las porteras y Carlitos preparan el mate cocido calentito.

Y la bandera juega a la ronda con el viento.

En el campito

De la escuela

domingo, 29 de agosto de 2010

Memorias de una profesora "subversiva" (Después de tanto tiempo)

Nº 3
"Chupete" y "El Coronel"....aún se presentan en mis sueños


Y me visitan
Después de tanto tiempo
Oigo sus voces
Y el ruido de las botas al subir las escaleras
Distinto al sonido de aquellos borceguíes que yo veía
por debajo de la venda

Después de tanto tiempo
................................................................
Aún insisto en aceitar las bisagras de las puertas cuando el tiempo las oxida¿Una manía? ¿una obsesión? ¿tal vez un mecanismo para olvidar otras bisagras y otras puertas que chirriaban al ser abiertas por aquéllos que eran dueños de la vida y de la muerte?
En la noches silenciosas de otras noches de hace tiempo allá en el tiempo se han quedado para siempre esos chirridos y esas puertas y esas ruidos.

Son las grietas, las hendiduras del corazón donde los años han guardado estas vivencias

Después de tanto tiempo puedo quedarme escuchando los sonidos de la noche y hasta suelo desvelarme si por acaso, pasos de caminantes se detienen bruscamente cerca del ventanal que da a la calle .

Y me despiertan y me alertan como entonces.Tic –tac –tic –toc mi corazón que se acelera, se vuelve loco, quiere salirse de mi pecho.

¿Es el miedo? ¿Es el terror?

Son las grietas, las hendiduras del corazón donde los años han guardado los recuerdos.
Después de tanto tiempo insisto en mirar detrás de las cortinas .

Es un querer asegurarme que no hay nadie en la puerta de mi casa .

Me cruzo de vereda si desconfío del que viene caminando hacia mi encuentro y hasta miro una y mil veces quien camina detrás de mi cuando camino.

Suelo huir de la gente,y los hechos de injusticia me sublevan(aún los más pequeños,)

Rechazo las preguntas, detesto me interroguen.

(Son esos huecos, esas grietas que tallaron la malicia de otros hombres. )

En mis sueños está “Chupete” y están los que estaban con “Chupete”

Y están las armas y están los detenidos en esa fila , y estoy con ellos en esa fila

Son esos sueños que quedaron para siempre entre mis sueños y que regresan

Como los ruidos, como el mirar y el espiar por la ventana como el cruzarme de vereda como tratar de averiguar quien es el que camina detrás de mi cuando camino

Y están los borceguíes, yo había aprendido a mirar por debajo de la venda y los veía

Y ahí quedaron guardados los borceguíes en mi memoria, quedaron guardados como se guardan los malos recuerdos que despiertan odio .

El alma con el tiempo no sabe por que se puede odiar a un par de pies que calzan borceguíes .Un baño , un corredor , los escalonesAl final del pasillo estaba el baño....y el espejoHacía frío , se moría entonces de frío, de tortura, de hambre o de muerte repentina.
Estabas hoy y ya no estabas al cerrarse las puertas de la celda.

Estabas sola después de estar en compañía.

Y ahí quedaron en mi alma las soledades , hicieron hueco igual que los grilletes, el corredor , el baño y los barrotes de las celdasHabía barrotes en mi celda.
Huecos en mi corazón.

Pequeñas grietas

viernes, 27 de agosto de 2010

Memorias de una profesora "subversiva"

Nº 1


TODAVÍA JUAN,..........todavìa


(Los curas de la villa, los curas del tercer mundo, los chicos de la villa, las maestras villeras,la polenta, el arroz, las ranas del arroyo,los pajaritos y la gomera....no habìa piqueteros, tampoco habìa cartoneros.
Desde siempre había los pobres.
Desde siempre los excluidos en este paìs de excluidos). Eran otros tiempos y era otra la escuela.
Tambièn eran otras las maestras y tambièn eran otros los alumnos Los alumnos de aquélla època ,si, los alumnos de aquélla època , eran alumnos que esperaban a la “seño” en la esquina de la escuela. Y la acompañaban a la “seño” que llegaba cansada de caminar las veinte cuadras desde la parada del colectivo. Porque el colectivo no llegaba hasta la escuela. Las “seño” de aquélla època viajaban a “dedo”.
Nadie pensaba mal entonces.
Las maestras usaban el “dedo” para viajar hasta esos destinos que el Consejo Escolar entregaba dobladito en forma de cucurucho.
O iban en bicicletas,pedalendo y pedalenado. Pasaban la Monteverde y seguían pedalendo.
O si habìa suerte ,el Citroên, patito feo le decìan. Y allì estaban,.
Algunos con zapatillas, otros sin guardapolvos, todos con los mocos colgándoles de las narices que el frìo del invierno empujaba hasta la boca. Y los cachetes colorados, casi violeta los cachetes.
Cuando la piel de los alumnos es como el color de la tierra, los cachetes se ponen violetas no colorados. Y habìa turno “intermedio”.
Si, tres turnos de tres horas cada uno.
Una hora menos de clase.
Pero, bueno, solo para los de la villa, los de las escuelas de chapa y ladrillos carcomidos.
Las maestras de aquélla època, eran maestras villeras, como los chicos de las escuelas, como las porteras de las escuelas, como los curas que trabajaban con las maestras de la Villa.
Curas del tercer mundo, asì les decìan entonces.
Vivìan con los villeros, trabajaban con las maestras villeras.
Decìan que Dios estaba sentado entre los villeros.
Que tambièn sufrìa el frìo y que comìa polenta. Las maestras de la villa...siempre habìa transporte para las maestras villeras.
El carrito del verdulero , el camiòn del camionero...siempre habìa, siempre se llegaba a la escuela. Y las aulas sin ventanas que dejaban entrar al frìo como si nada.
Y la costumbre de sentarnos bien pegaditos, uno juntito al otro.
Si, para darnos calor.
Calor con nuestros cuerpos para disimular la pobreza o para burlar al frìo. Pero habìa otro calor que nos encendía el alma.
Y salìa de la cocina pequeña donde las porteras con el delantal de porteras preparaban el mate cocido.
Calentito, humeante, que nos acercaban al aula en la jarra y en vasitos de plásticos.
Los vasitos que luego se amontonaban en pila en la mesa de madera. Y entonces aparecía Juan.
En realidad aparecía primero la bolsa con los ositos y detrás de la bolsa de plástico aparecía Juan.
Se tapaba la cara con la bolsa , para hacerse el gracioso o para llamar la atención.
No sè, siempre me rìo cuando viene a mi memoria ese recuerdo . Los ojos de Juan, negros, muy negros los ojos de Juan.
Vamos Juan, vamos que ya es tarde.
Esa era yo, intentado incluirlo en la clase del dìa o del mediodìa, todo un lìo eso de los tres turnos. Y Juan entonces, daba una vuelta (como las calesitas)y se desparramaba con ruido sobre la silla. Llegaba siempre tarde,siempre quince minutos tarde.
Juan, otra vez llegaste tarde. Mi voz recordándole a Juan el horario de clase.
Ya sabe “seño”, la voz de Juan recordándome el motivo de su llegada tarde. ¿Y ahora que pasò Juan? Y Juan como sobrándome desde su niñez-adulta me miraba . Menos pregunta Dios y perdona, ...”seño”.
Y entonces a su contestación le respondìa mi silencio.¿Còmo contestar a la niñez atropellada?
¿Còmo contestar a un chico que llegaba de trabajar para cumplir con la escuela?
Por el salario seño, por el salario vengo a la escuela.
Tomaba el lápiz y con rapidez multiplicaba la cantidad de hermanos por el valor del salario escolar. Si. Juan trabajaba para ayudar a su madre y a su padre y a su casa y a sus hermanos.
Juan vendìa ositos de peluche en la calle. Póngame el presente “seño”.
Me ordenaba Juan.
Y yo le ponìa presente y èl se ponìa contento.
Once años tenìa Juan , tan sòlo once años.
Y se sentaba justo frente a mi escritorio.
Primero los cuadernos y la lapicera sobre su banco.,luego la bolsa con los ositos sobre mi escritorio. Estàn cansados “seño”, yo tambièn estoy cansado. A veces contento, a veces triste.
Dependìa su tristeza o su alegrìa de las ventas callejeras. Ositos celestes con ojitos de vidrio rosado. Ositos rosados con ojitos de vidrio celeste. Para las nenas o para los nenes(la explicación de Juan , siempre la misma a la misma pregunta). Juan sabìa de cazar ranas en el arroyo y pajaritos en los árboles cercanos a la escuela. Sabìa de guisos y de polentas con ranas y con pajaritos .
A la noche tomamos caldo y a la mañana mate cocido con pan de ayer(asì llamaba Juan al pan duro).
La dieta de Juan(enriquecida con el mate cocido de la escuela) y con las naranjas que siempre traía el cura de la villa.
Ahì vienen las naranjas, gritaban los chicos de la escuela y aparecía el cura con la bolsa de naranjas.
Descargaba su preciada carga y se iba. Juan quedò para siempre en mi recuerdo.
Su piel como el color del lodo que se nos pegaba en las botas de goma cuando, después de la lluvia llegar a la escuela significaba hundirnos en el barro y sentir las piernas pesadas, muy pesadas.
Costaba caminar, si, costaba mucho. Juan tenìa el cabello lacio y negro, muy negro era el cabello de Juan . Y tenìa ojos negros y muy tristes. Siempre recuerdo los ojos tristes de Juan Juan no faltò nunca a clase mientras yo fui su maestra de cuarto grado. Otros destinos de maestra suplente me alejaron de la villa y de la escuelita de chapas(màs adelante conocerìa otras villas y otras escuelas de chapas y ladrillos carcomidos). Otros caminos me llevaron con el paso de los años a recorrer una tarde de diciembre las calles de Lomas de Zamora. Mi panza de ocho meses me arrastraba por Laprida( una peatonal que a esa hora de la tarde era semejante a una hoguera). Seño, seño, seño....No tuve tiempo de dar vuelta mi cabeza en dirección de la voz que me llamaba “seño”. No tuve tiempo .
Dos brazos me rodearon los hombros.
Soy yo “seño”, soy yo. Yo ,Juan¿Se acuerda de mi? ¿Còmo no acordarme de Juan, de sus ositos, de sus ojos y de su piel color de barro? Me puso un osito de peluche color rosa entre mis manos.
Tome “seño”, para la nena. Acuérdese, va a tener una nena Todavía lo recuerdo con los mocos y los cachetes violetas por el frìo del invierno. Todavía lo recuerdo, abrazàndome con sus brazos , con ternura, con ese sentimiento de la cosa compartida. Todavía lo recuerdo en el osito de peluche rosa que me sigue mirando (después de casi 30 años )a travès de sus ojitos de vidrio color celeste. Todavía Juan, todavía......

Memorias de una profesora "subversiva"

He decidido reunir todos los escritos relacionados con mis recuerdos de mi paso por el Sistema Educativo Provincial para compartirlos con ustedes, mis compañeros y compañeras.
Muchos ya están publicados pero en este espacio estarán todos juntos.
Los que me llenaron el alma de sonrisas y de lágrimas, de dichas y de desdichas.
Entre ellos los recuerdos de todas mis mascotas que hicieron que mis días escolares se transformaran en deseos de regresar a mi casa para compartir el pan de cada día, la lágrima y la sonrisa, la alegría y la tristeza que siendo maestra perimero y profesora después se acomodaron en cada uno de mis días.
Junto a mis hijos.
La mejor de mis obras.
Y la mayor felicidad que como mujer pude vivenciar
Espero hacerlos llorar y hacerlos reir .
Así es la vida.
Y así es mi vida.

Hasta la Victoria Siempre

domingo, 22 de agosto de 2010

UNA PERRA LLAMADA ESPERANZA






Capítulo III






Esperanza había crecido al compás del crecimiento de mis hijos a quienes cuidaba y protegía.
Javier solía sacarla a pasear por el pueblo los domingos cuando iba hasta la panadería a comprar facturas para el desayuno dominguero que nos reunía a todos alrededor de la mesa con el mate y la chocolatada y la taza de café y el tazón de leche tibia para Esperanza.
Creo que cuando los años pasaron y cada uno de mis hijos mayores formaron sus propios nidos lo que más extrañé fue esa reunión alrededor de la mesa de los domingos con la pava y el mate y con el ruido que nuestra perra hacía mientras pasaba la lengua por el tazón hasta dejarlo limpio.
Esperanza se paraba junto a Javier y comenzaba a mirarlo fijamente hasta que obtenía lo que quería.
¿Qué quería?
Un pan de leche que era de todas las facturas su preferida.
Amiga de los recolectores de la basura no bien escuchaba el ruido del camión de la Municipalidad comenzaba a aullar al igual que cuando el ruido de la sirena de los bomberos nos despertaba en las noches o en los amaneceres de Adrogué.
Una perra loba y una fiel guardiana que si me veía llorar se tiraba a mis pies y comenzaba a lamerlos o me secaba las lágrimas con la lengua .
Y entonces yo la acariciaba porque sentía que Esperanza y yo nos habíamos conectado de una manera tan particular que era como si mi corazón y su corazoncito de perra latieran al mismo tiempo .
Ella sabía que yo estaba triste y abandonando el portón de entrada ladraba hasta que la hacía entrar en la casa.
Entonces se venía hasta mi habitación cuando por las noches solía despertarme llorando en aquellos días difíciles para mis hijos y para mi.
Y de un salto se subía a la cama y ahí se quedaba hasta que sonaba el despertador que a las cinco de la mañana hacía sonar su campanilla porque yo tenía que levantarme para irme a trabajar a la escuela.
De una a otra escuela así mi vida de entonces.
De una escuela a otra escuela siempre .
Con frío o con calor con truenos o con relámpagos, con ventarrones o con chaparrones .Indefectiblemente salía “emponchada” de mi casa y caminando me iba hasta la Avenida Seguí en la que esperaba el Jeep de Guillermo(el profesor de historia) que me levantaba y cagándonos de frío llegábamos a la escuela donde compartíamos el mate con las porteras y con el portero hasta que sonaba el timbre de entrada.
Cuando regresaba a casa al mediodía Esperanza me adivinada y comenzaba a ladrar no bien comenzaba a transitar por la vereda de mi hogar.
Y al verme ladraba y pegaba saltos con sus patas enormes que a veces solían tirarme al suelo.
Y nos abrazábamos y yo la besaba y ella me devolvía el beso en lengüeteadas que me dejaban la piel húmeda y pegagosa.
Le gustaban las manzanas y las mandarinas y nunca pudo habituarse a comer alimento balanceado.
Su devoción por los huesos hizo que muchas veces me enojara con ella porque Esperanza solía esconderlos debajo de la Santa Rita y los sacaba de ese lugar generalmente cuando yo había terminado de limpiar el patio con agua y lavandina.
Esper así le decíamos.
Y Esper paraba sus orejas y corría hacia quien la llamaba.
Victoria era muy pequeñita y Esper se transformaba en un andador para que caminara junto a ella porque la doblaba en peso y en tamaño.
Un día de esos días en que Esper se estaba dejando bañar al tocar una de sus patas sentí una dureza cerca de las uñas.
Esper ya había cumplido siete años y me preocupé porque nuestra veterinaria Alejandra nos había dicho que los ovejeros solían tener una muerte precoz.
Nunca pensé que Esper nos podía abandonar.
Eso podía pasarle a mi vecina y a su perro pero nunca a Esper y a nosotros.
Esper comenzó a renguear y al tocarle la pata me avisaba con su ladrido que le dolía.
Yo no sabía que el adiós había comenzado.

MNEMÓSINE